El trastorno bipolar (antes llamado maníaco depresivo) consiste en cambios en el estado de ánimo que oscilan entre dos polos opuestos, alternando entre depresión y manía o hipomanía. Todo el mundo tiene altibajos en su estado de ánimo y es normal sentirse a veces animado y alegre y otras veces más triste y taciturno. En el trastorno bipolar, sin embargo, estos cambios son exagerados o totalmente fuera de lugar en relación con los acontecimientos que están teniendo lugar en sus vidas y afectan a la conducta, el pensamiento, los sentimientos, la salud física y el funcionamiento general de estas personas.
Suele comenzar entre los 20 y 30 años de edad, generalmente con un episodio depresivo (en el 75 % de las mujeres y el 67% de los hombres)y puede haber varios episodios depresivos antes de que aparezca un episodio maníaco. Entre un episodio y otro suele haber periodos de normalidad, aunque existen diferencias según cada persona: por ejemplo, a veces no hay periodos de normalidad, sino estados depresivos y maníacos que varían en intensidad y gravedad; otras veces predomina un estado depresivo constante cuyos síntomas varían en intensidad, interrumpidos por algunos episodios maníacos o hipomaníacos. Por término medio suelen tener unos 10 episodios de manía o depresión durante toda su vida, aunque sin tratamiento la frecuencia aumenta con la edad. Los episodios pueden durar días, semanas, meses o incluso años. Por término medio, los episodios maníacos, sin tratamiento, duran unos pocos meses y la depresión unos seis meses. En muchos casos es estacional: la depresión es más frecuente en otoño e invierno y la manía en primavera o verano.
Después de un episodio maníaco
Su vida puede haberse convertido en un caos tras uno de estos episodios. Puede haber perdido su trabajo, su pareja y tener deudas excesivas que no sabe cómo pagar. Sus amigos y conocidos le miran de forma extraña y puede sentirse avergonzado y culpable por haber hecho cosas de las que se arrepiente y que jamás habría hecho en su estado normal. Es bastante común que los pacientes bipolares con sentimientos de culpa cometan suicido. De hecho un 10- 15 % de personas bipolares se suicida.
¿Cuáles son las diferencias entre depresión bipolar y depresión unipolar?
Los síntomas son bastante parecidos, pero suelen darse algunas diferencias. En la depresión unipolar es común la agitación psicomotora, pérdida de peso e insomnio, mientras que en la depresión bipolar es más común el retardo psicomotor (extrema lentitud de pensamiento y movimiento). La depresión bipolar tiene más probabilidades de presentarse con síntomas psicóticos, dura más tiempo y está más asociada con el intento de suicidio. En la depresión unipolar pueden utilizarse antidepresivos, mientras que en la bipolar el uso de antidepresivos puede ocasionar un episodio maníaco y aumentar la frecuencia de los episodios. En la depresión unipolar es frecuente que se den problemas de insomnio, mientras que en la bipolar suelen dormir muchas horas y aún así se sienten cansados.
Hay varios tipos de trastorno bipolar
-Bipolar I: se dan episodios maníacos y depresivos.
-Bipolar II: sufren principalmente de episodios depresivos con episodios ocasionales de hipomanía.
-Ciclotimia: periodos de hipomanía alternando con depresión moderada durante al menos dos años. Es menos severa pero más persistente. Los cambios son frecuentes, dándose cada pocos días o semanas. Pueden ocasionar problemas debido a su naturaleza impredecible. Por ejemplo, un día se siente lleno de energía para comenzar un nuevo proyecto, pero a los pocos días se deprime y piensa que no vale la pena seguir adelante y que no logrará nada de lo que se proponga. El tratamiento suele consistir en psicoterapia, no siendo necesaria la medicación. En algunas personas es el precursor de un cuadro más grave mientras que en otras se mantiene en este estado más leve.
-Ciclo rápido: tienen 4 o más episodios al año en cualquier combinación de manía, hipomanía, mixto o depresivo. Se da en el 5-15 % de los bipolares. A veces también se dan ciclos ultrarrápidos, con más de 4 episodios a la semana.
- Mixto: síntomas de manía y depresión que ocurren simultáneamente o alternan con rapidez durante el mismo día. Es decir, episodios maníacos con estado de ánimo muy triste o irritable.
Prevalencia
Se da por igual en ambos sexos, aunque en las mujeres es más frecuente el ciclo rápido, sufren más depresiones y más manías disfóricas (estado mixto) y más hipotiroidismo debido al tratamiento con litio. Algunos datos:
- Por término medio, estas personas son mal diagnosticadas durante unos 8 años y alrededor del 60% no recibe el tratamiento adecuado.
- Más del 50 % abusa de alcohol y drogas durante su enfermedad.
- El 60 % de las mujeres que se quejan de síndrome premenstrual, en realidad tienen una depresión crónica que puede ser bipolar o unipolar y que se agrava antes de la menstruación.
- Las mujeres con depresión posparto tienen más probabilidades de tener una depresión bipolar que unipolar.
- Los adolescentes que tienen una depresión con síntomas psicóticos casi con toda seguridad son bipolares.
Causas
Aunque no se conoce exactamente el mecanismo que da lugar a este trastorno, sí se sabe que las causas son múltiples: genéticas, psicológicas, ambientales, emocionales. Los familiares de pacientes bipolares tienen más probabilidades de tener trastornos del estado de ánimo, como depresión o trastorno bipolar. Un gemelo idéntico de un bipolar tiene tres veces más probabilidades de ser bipolar que cualquier otro hermano (80% para los gemelos idénticos frente a 16% para los hermanos no gemelos). Se hipotetiza que estas personas heredan cierta vulnerabilidad que las hace más sensibles y susceptibles al estrés físico y emocional debido a una falta de estabilidad en la transmisión de los impulsos nerviosos al cerebro. Sin embargo, para que aparezca el trastorno no basta con heredar esta disposición sino que además es necesario que se den unas determinadas circunstancias en la vida de esa persona que desencadenen los episodios. Sobre todo los episodios maníacos suelen ser desencadenados por un acontecimiento estresante. Aquí hay que tener en cuenta que lo que es estresante para una persona puede no serlo para otra, por lo que lo importante no es el acontecimiento en sí mismo, sino el hecho de que la persona lo interprete como estresante.
¿Cómo es un episodio maníaco?
Suele comenzar con una sensación agradable de alta energía, creatividad y facilidad en situaciones sociales que rápidamente aumenta hasta estar fuera de control. "Las ideas se vuelven demasiado rápidas y son demasiadas, la abrumadora confusión reemplaza a la claridad; no puedes recordar. El humor contagioso deja de divertir, tus amigos se asustan. Estas irritable, enfadado, amenazador, desconfiado y atrapado...", comenta una persona bipolar.
Durante la manía, el estado de ánimo es irritable, expansivo o eufórico. Sienten que pueden hacer cualquier cosa que se propongan, su autoestima es altísima, se creen grandiosos, como si estuvieran en la cima del mundo.
Exagerada sensación de poder, importancia y grandiosidad. O bien pueden estar muy irritables, se enfadan por cualquier motivo y tiene estallidos emocionales, pasando súbitamente del regocijo a la ira.
Gran actividad, quieren hacer muchas cosas, pero su atención cambia fácilmente de un tema a otro. En un momento dado pueden querer hacer deporte y al otro quieren coger un avión a cualquier sitio. Muy impulsivos, con dificultad para controlar sus impulsos, tienen un juicio pobre a la hora de tomar decisiones que los lleva a realizar actividades poco realistas. Pueden gastar grandes cantidades de dinero, tener una conducta temeraria y hacer inversiones absurdas. Hablan sin parar, en voz alta y con gran rapidez, saltan de un tema a otro y es difícil seguirlos. Los pensamientos pasan a gran velocidad por su mente. "El ruido en mi cabeza, que es una combinación de uno o dos trozos de ideas o frases, música y canciones, además de un ritmo repetitivo que es casi como si mi cerebro fuese un tambor, más palabras o cadenas de palabras, frases, galimatías..." cuenta Marcia.
Su necesidad de sueño está disminuida, sin sentir ninguna fatiga incluso después de haber dormido muy poco.
Deseo sexual aumentado. A veces puede aparecer conducta sexual inapropiada.
En algunos casos puede haber síntomas psicóticos como alucinaciones (ver o escuchar cosas que no existen) o delirios (creer firmemente cosas que no son verdad, como que alguien le persigue y espía).
Hipomanía
"Al principio es increíble. Las ideas son rápidas como estrellas fugaces que siguen hasta que otras más brillantes aparecen. Toda la timidez se esfuma, los gestos y palabras apropiadas están de repente ahí. La gente y las cosas que no tenían interés se vuelven interesantes. La sensualidad lo invade todo; el deseo de seducir o ser seducido es irresistible. Te llenas hasta la médula de increíbles sentimientos de facilidad, poder, bienestar, omnipotencia euforia, puedes hacer cualquier cosa..."
La hipomanía es un estado más leve que la manía, con síntomas similares pero menos severos. El estado de ánimo es eufórico o irritable. Están absolutamente seguros de sí mismos, su pensamiento se ve acelerado y pueden llegar a ser realmente ingeniosos y divertidos. Necesitan dormir poco y se comprometen en actividades incesantes, hablan mucho, van de un lado a otro, hablan por teléfono, quedan con amigos, trabajan en varias cosas a la vez y no paran ni un solo momento.
Al principio resultan interesantes pero enseguida revelan su egocentrismo, no dejan hablar a los demás, no toleran las contradicciones o las críticas y se muestran dominantes y dictatoriales. Gastan dinero en exceso y se pueden involucrar en actos sexuales promiscuos y en excesos alcohólicos. Dicen encontrarse estupendamente y no necesitar ayuda. Pero es posible que sí busquen ayuda durante la depresión. Son productivos en el trabajo y no suelen meterse en problema serios.
El tratamiento: medicación, psicoterapia y educación
El tratamiento consiste en medicación, psicoeducación y psicoterapia.
Medicación: el fármaco más utilizado es el litio, que es un estabilizador del estado de ánimo. Entre un 20 y un 40 % no responde a este tratamiento y cierto número de pacientes no lo tolera debido a los efectos secundarios. Con estos pacientes suele utilizarse otros fármacos diferentes.
Psicoterapia: cuando se produce un episodio, la vida del paciente y de su familia puede quedar completamente dislocada y lo principal es volver a ordenar las cosas de nuevo.
Educación: El primer paso consiste en informar al paciente y su familia sobre esta enfermedad. Esto dará lugar a una gran cantidad de emociones, miedos e interrogantes que el psicólogo tendrá que ayudar a superar. Muchas personas tienden a negar lo sucedido, prefieren olvidar y actuar como si no hubiera pasado nada. Pero esto constituye un gran error ya que es muy probable que el episodio vuelva a repetirse y conviene estar preparados. El terapeuta tendrá que ayudarles a integrar esta experiencia y esto se logra promoviendo un diálogo familiar abierto. Durante la psicoterapia se ayuda al paciente a mejorar las estrategias de afrontamiento de acontecimientos estresantes (y a identificar dichos acontecimientos), manejar adecuadamente el estrés, entrenamiento en resolución de problemas, habilidades de comunicación, entrenamiento en el control de los impulsos, etc.
La terapia cognitiva es una del más apropiadas para estas personas. Consiste en enseñar al paciente a controlar sus estados de ánimo y sentimientos de forma que sea capaz de cambiarlos en el momento en que detecte que están empezando a aparecer sentimientos o pensamientos inadecuados (cuando se acerca un episodio). Esto se consigue ayudando al paciente a ser consciente de cómo está interpretando los acontecimientos que suceden en su vida y de cómo esta interpretación influye en su estado de ánimo, al tiempo que se le enseña a detectar las interpretaciones no realistas y cambiarlas por otras más realistas que no den lugar a sentimientos exagerados.
En definitiva, lo más importante en el tratamiento psicológico es enseñar al paciente a detectar los primeros signos y enseñarle técnicas que pueda utilizar para controlarlos. Si además posee habilidades para manejar adecuadamente el estrés y resolver eficazmente los problemas de su vida, y utiliza la medicación adecuada, estará suficientemente equipado como para poder llevar una vida normal y productiva.
Qué puedes hacer si te han diagnosticado un trastorno bipolar
Además de buscar ayuda profesional, que es lo más importante, también puedes hacer lo siguiente:
-Aprende todo lo que puedas sobre tu enfermedad.
-El apoyo de tu familia es importante pero tendrás que entender que no es fácil para ellos. Anímalos a aprender todo lo posible.
-Mantén un patrón de sueño estable. Vete a dormir siempre a la misma hora y levántate a la misma hora. Un patrón inestable puede desencadenar un episodio.
-Mantén un patrón regular de actividad.
-No utilices alcohol ni drogas. Estas sustancia pueden desencadenar un episodio. No trates de controlar tus problemas de sueño y de otro tipo con drogas y alcohol. Busca ayuda profesional.
-Procura evitar la cafeína, el tabaco y otras sustancia que se consumen diariamente en pequeñas dosis. Evita también el uso de medicamentos para resfriados, dolores de cabeza y otros pequeños síntomas .Incluso pequeñas cantidades de estas sustancias pueden interferir con tu sueño, estado de ánimo o medicación y ser la gota que colme el vaso.
-Trata de reducir el estrés en tu vida y trabajo. Mantén un horario fijo y atente a él.
-Los primeros síntomas que indican que se aproxima un episodio son diferentes para cada persona. Aprende cuáles son los tuyos y busca ayuda cuando aparezcan. Los signos más comunes son ligeros cambios en: el estado de ánimo, sueño, energía, autoestima, interés sexual, concentración, disposición para emprender nuevos proyectos, pensamientos de muerte e incluso cambios en la forma de vestir. Presta especial atención a un cambio marcado en el patrón de sueño, ya que este suele ser un indicio habitual de que se acerca un episodio. Pídele a tu familia que vigile la parición de este tipo de signos ya que es posible que tú no te des cuenta.
-Mantén un diario en el que anotes tus sentimientos, actividades, medicación, efectos secundarios, patrón de sueño y acontecimientos vitales importantes.
Esto te ayudará a conocer los signos que preceden a un episodio y la influencia de los acontecimientos de tu vida en ellos. Puede venirte bien utilizar una escala de estado de ánimo que vaya de cero (completamente deprimido) a diez (completamente maníaco). Anotar la medicación que tomas y sus efectos secundarios te ayudará a descubrir, junto con tu médico, cuál es el mejor para ti de todos los fármacos usados en estos casos.
Qué pueden hacer los familiares
Infórmate sobre el trastorno bipolar, conoce los signos que preceden uno de sus episodios, anima al paciente a seguir el tratamiento y evitar el uso de alcohol o drogas.
Cuando esté estable haced planes de cómo vas a actuar si aparece otro episodio: impedirle el acceso a tarjetas de crédito, las llaves del coche, etc.
Si sois varios miembros en la familia haced turnos para cuidar del paciente; que no recaiga todo el peso en una misma persona siempre. Cuando se esté recuperando de un episodio deja que vaya a su ritmo. No esperes demasiado ni demasiado poco. Es decir, no le empujes demasiado ni seas excesivamente protector. Trátalo con normalidad una vez recuperado, pero vigila la aparición de síntomas. Si aparece una recaída es posible que tú lo notes antes. Habla con él o ella. Hablad para conocer las diferencias entre un día de buen humor y la hipomanía, y entre un día malo y la depresión. Recuerda que, como cualquier otra persona, tendrá días buenos y días malos que no son parte de la enfermedad. Busca grupos de apoyo: personas en tu misma situación con quienes compartir tus sentimientos y preocupaciones.
Estudios recientes: la influencia del ácido graso omega-3
El doctor Andrew Stoll, director del laboratorio de investigación psicofarmacológica en Harvard, estudia los efectos del ácido graso omega-3 en el tratamiento del trastorno bipolar. Mientras investigaban para encontrar otras alternativas al litio y fármacos semejantes, buscaron compuestos que tuviesen un efecto similar a ellos. Así fue como se toparon con el ácido graso omega-3. Comprobaron que su efecto era comparable e incluso superior al del litio u otros fármacos convencionales, pero sin ningún efecto secundario. Tras cuatro meses de investigación, solamente una persona de cada 14 que tomó omega-3 había recaído, mientras que en el grupo control (pacientes bipolares a los que les dieron aceite de oliva en vez de omega-3) habían recaído dos tercios. Según piensa Stoll, los ácidos grasos omega-3 funcionan haciendo más permeable la membrana de las células nerviosas, lo cual permite que la transmisión del impulso nervioso de una célula a otra sea más adecuado. Por el contrario, las grasas saturadas vuelven las membranas menos permeables. En EEUU se ha visto que el aumento de los índices de depresión correlaciona con la disminución progresiva de omega-3 en la dieta a lo largo del siglo XX. Las personas deprimidas tienen menos cantidad de omega-3 en su organismo que el resto de las personas. Los ácidos grasos omega-3 utilizados en la investigación proceden de aceite de pescados ricos en grasas, como salmón, sardina, caballa, arenque, atún y anchoas. El omega-3 procedente del aceite de linaza no es aconsejable porque puede ser peligroso en dosis altas. Stoll y su equipo aún continúan realizando investigaciones sobre estos ácidos grasos en pacientes bipolares, deprimidos y autistas. La mayoría notan mejoría entre 1 y 3 semanas después de comenzar el tratamiento.
Creatividad y enfermedad bipolar.
Se ha visto que ciertas formas de enfermedad psiquiátrica en una persona con talento puede fomentar su creatividad. Muchos han sido los grandes artistas que han padecido un trastorno bipolar. Entre ellos se encuentran Virginia Woolf, Scott Fitzgerald, Ernest Hemingway, Dylan Thomas, Anne Sexton, Samuel Becketh y Sylvia Plath. Virginia Woolf tenía depresiones profundas que aparecían en primavera. Se sentía fracasada, se negaba a comer y rechazaba toda compañía. Alternando con sus depresiones aparecían episodios de hipomanía o manía que podían llegar a tener síntomas psicóticos. En la primavera de 1941 se suicidó. Escribir le permitió tener control sobre su enfermedad y dar sentido al caos que poblaba su mente, siendo su escritura un ejercicio terapéutico, al tiempo que su enfermedad era también la fuente de su propia creatividad.
Trastorno bipolar en la infancia
Sara tiene 12 años. Ha estado deprimida durante unos seis meses. Solía estar tumbada e irritable, empeoró en sus estudios y dejó de ver a sus amigos. Después, durante unos días comenzó a salir de ese estado; llamó a sus amigos, volvió a hacer antiguas actividades que le divertían y estaba más interesada en el colegio. Pero poco después, los demás notaron que estaba más animada de lo normal. Llamó a 10 de sus amigos para ver si podían venir y la mayoría lo hizo. Empezaron un juego y pronto vieron que Sara actuaba de forma extraña. No paraba de reír, cambiaba las normas del juego a su antojo, se puso los calcetines en las orejas y empezó a bailar por toda la habitación. A sus amigos no les hacían gracia sus bromas, pero ella seguía riendo sin cesar a pesar de ser la única que lo hacía. Cuando le dijeron que eso no era divertido, ella se enfadó y los echó de casa. Durante el fin de semana despertó a sus padres en plena noche tocando el piano, cada hora aproximadamente iba hacia ellos a toda prisa para decirles algo que había olvidado. Se reía tanto que apenas la entendían. En el colegio la echaron de clase por actuar como si tuviera dos años y molestar a sus compañeros. Esto duró una semana, después fue volviendo poco a poco a su estado deprimido habitual. Había tenido un episodio hipomaníaco. Justin tenía 11 años cuando la profesora llamó a su madre diciendo que había tenido que llevarlo dos veces a ver al director. Cuando llegó a casa entró como una flecha gritando algo acerca de una gran idea. Saltó desde lo alto de la casa a un arbusto cercano con una tabla de madera en la mano. Cuando su madre le preguntó qué hacía le dijo algo acerca de lanzaderas espaciales y pistas de aterrizaje. Ella le dijo que volviese a casa y él le dio un puñetazo en el estómago diciendo: "de eso nada, puta" y se alejó en su bici. Durante los tres días siguientes lo echaron del autobús, rompió su bici, casi prende fuego a la casa haciendo un pastel a las tres de la mañana, llamó por teléfono a sus amigos en mitad de la noche, se cortó parte del pelo, se bebió cuatro latas de cerveza y acabó dando saltos en el techo de un coche de policía antes de que se lo llevaran al hospital. Había tenido un episodio maníaco. Algunos estudios recientes sugieren que la enfermedad bipolar podría aparecer incluso a los 7 años de edad. Los síntomas de los niños son diferentes a los de los adultos y suelen ciclos más rápidos. Este trastorno suele confundirse con el trastorno de hiperactividad. "Si un niño tiene una historia familiar de trastornos en el estado de ánimo y/o alcoholismo y manifiesta un patrón de hiperactividad, irritabilidad, cambios de humor y prolongadas rabietas, entonces el trastorno bipolar tendría que ser considerado como un posible diagnóstico", dice Elizabeth Weller, psiquiatra del hospital infantil de Filadelfia. En los niños es más frecuente que, durante la fase maníaca, estén irritables y tengan estallidos emocionales destructivos, dificultad para dormir, hablan mucho y rápido, cambios frecuentes de humor, aumento de la conducta arriesgada, y también pueden tener ideas exageradas de habilidad e importancia. Cuando están deprimidos se quejan de dolor de cabeza, dolores de estómago, cansancio, rinden poco en la escuela, su comunicación es pobre, están irritables y son extremadamente sensibles al rechazo o al fracaso. Después del episodio maníaco las cosas no son fáciles para ellos. Suelen perder a sus amigos y ser rechazados. Su desarrollo psicológico se ve afectado. En algunos aspectos son inmaduros, mientras que en otros son más maduros, debido al sufrimiento que atraviesan. Es como si un tornado arrasara su vida cada cierto tiempo de un modo impredecible y algunos pueden pensar que no vale la pena empezar de nuevo porque todo se volverá a venir abajo después. El 20% intenta suicidarse. La irritabilidad que a menudo acompaña a la depresión infantil suele suscitar en los demás rechazo y antipatía hacia ellos. En el caso de Justin, sus padres lo culparon por estar enfermo, su hermana le tenía miedo y en la escuela querían que alguien lo supervisase continuamente por si volvía a suceder. En cuanto Sara, sus amigos la consideraban rara y se alejaron de ella. Dejó de jugar al baloncesto, empeoró en la escuela y empezó a fumar. Cuando dijo que iba a suicidarse la llevaron a un médico que, sin tener en cuenta que era bipolar, le recetó antidepresivos. Tras una semana de medicación estaba tan inquieta que no podía estar tranquila un instante. A su perro le rompió las cotillas de una patada y cuando volvió a casa del hospital dijo que no tomaría un fármaco nunca más. Sus padres la empujaron a hacer actividades: escritura, teatro, baloncesto, amenazándola con llevarla al hospital si no las hacía. Poco a poco pudo ir saliendo de su estado depresivo.
sábado, 18 de diciembre de 2010
Pérdida y reparación
“QUIERO OLVIDAR Y NO PUEDO”... Esto es frecuentísimo en personas que han estado envueltas en algún acontecimiento doloroso: pérdida de seres queridos, o de una relación amorosa, situación laboral frustrante, etcétera.
Esta expresión pudiera parecer adecuada, porque es muy lógico para esa persona querer olvidar el acontecimiento causante de ese dolor moral. Para ella esto es normal. Y ahí radica precisamente lo anormal de la expresión.
El ser humano olvida cuando está enfermo del cerebro de manera irreversible o de forma reversible a causa de una enfermedad local del propio órgano o de las sustancias que a él llegan. Es lo que sucede en los ancianos dementes o arterioescleróticos cuya memoria de fijación está deteriorada, conservándose en cierta medida la memoria de evocación, es decir, la que le permite recordar hechos pasados. Al avanzar la enfermedad, esta memoria también sufre un deterioro significativo.
El ser humano olvida aquellos estímulos que no fueron capaces de dejar una huella en el cerebro para ser evocada. Un ejemplo de ello es que nadie seguramente puede memorizar las vestimentas de todas las personas con las que se tropezó durante el día de hoy; o el color de los ojos de quien nos pasó por delante en la tercera calle de nuestro recorrido. No recordamos tales hechos porque no les prestamos la debida atención, pues no eran de nuestro interés y por tanto, los estímulos no dejaron huella alguna. Sería agotador para el cerebro almacenar toda la información recibida sin discriminación.
Ahora bien, cuando un estímulo, un hecho, es lo suficientemente significativo, usted no lo puede ni lo podrá olvidar nunca más. A no ser que comience a padecer una enfermedad cerebral de las que hice referencia: no se le olvida nunca mientras esté sano su cerebro el nacimiento de un hijo, aunque ya no sienta los dolores de parto; no se le olvida su primer amor, aunque ella o él hicieran sus respectivas vidas; no se le olvida su primer maestro, aunque hoy esté fallecido; no se le olvida cuando se divorció, aunque ya el malestar de ese momento no existe; no se le puede olvidar el fallecimiento de su ser querido, aunque se sonría, ría a carcajadas o haga bromas hoy que han transcurrido varios años de ese suceso doloroso.
La única forma que existe de no recordar algo es que nunca hubiera ocurrido en nuestras vidas. Por tanto, la estrategia no es querer olvidar lo sucedido sino recordarlo de otro modo. ¿Por qué es menester evocar los sufrimientos de mi ser querido antes de fallecer y no sus buenas cualidades, su carácter, su forma de ser conmigo, los años pasados juntos?
¿Por qué rememorar tristemente a la pareja que perdí y no complacerme por haberla tenido? Por tanto, no se empeñe en olvidar lo que es inolvidable.
Recuérdelo de una diferente manera y el tiempo también le ayudará.
Esta expresión pudiera parecer adecuada, porque es muy lógico para esa persona querer olvidar el acontecimiento causante de ese dolor moral. Para ella esto es normal. Y ahí radica precisamente lo anormal de la expresión.
El ser humano olvida cuando está enfermo del cerebro de manera irreversible o de forma reversible a causa de una enfermedad local del propio órgano o de las sustancias que a él llegan. Es lo que sucede en los ancianos dementes o arterioescleróticos cuya memoria de fijación está deteriorada, conservándose en cierta medida la memoria de evocación, es decir, la que le permite recordar hechos pasados. Al avanzar la enfermedad, esta memoria también sufre un deterioro significativo.
El ser humano olvida aquellos estímulos que no fueron capaces de dejar una huella en el cerebro para ser evocada. Un ejemplo de ello es que nadie seguramente puede memorizar las vestimentas de todas las personas con las que se tropezó durante el día de hoy; o el color de los ojos de quien nos pasó por delante en la tercera calle de nuestro recorrido. No recordamos tales hechos porque no les prestamos la debida atención, pues no eran de nuestro interés y por tanto, los estímulos no dejaron huella alguna. Sería agotador para el cerebro almacenar toda la información recibida sin discriminación.
Ahora bien, cuando un estímulo, un hecho, es lo suficientemente significativo, usted no lo puede ni lo podrá olvidar nunca más. A no ser que comience a padecer una enfermedad cerebral de las que hice referencia: no se le olvida nunca mientras esté sano su cerebro el nacimiento de un hijo, aunque ya no sienta los dolores de parto; no se le olvida su primer amor, aunque ella o él hicieran sus respectivas vidas; no se le olvida su primer maestro, aunque hoy esté fallecido; no se le olvida cuando se divorció, aunque ya el malestar de ese momento no existe; no se le puede olvidar el fallecimiento de su ser querido, aunque se sonría, ría a carcajadas o haga bromas hoy que han transcurrido varios años de ese suceso doloroso.
La única forma que existe de no recordar algo es que nunca hubiera ocurrido en nuestras vidas. Por tanto, la estrategia no es querer olvidar lo sucedido sino recordarlo de otro modo. ¿Por qué es menester evocar los sufrimientos de mi ser querido antes de fallecer y no sus buenas cualidades, su carácter, su forma de ser conmigo, los años pasados juntos?
¿Por qué rememorar tristemente a la pareja que perdí y no complacerme por haberla tenido? Por tanto, no se empeñe en olvidar lo que es inolvidable.
Recuérdelo de una diferente manera y el tiempo también le ayudará.
La depresión en el anciano
“LO QUE ÉL TIENE ES PROPIO DE LA VEJEZ”... Esta afirmación me hace pensar que para un buen número de personas esa etapa de la vida llamada vejez, tercera o cuarta edad, ancianidad y otras denominaciones, es un gran saco en el que todo cabe o es una tierra de nadie donde todo está permitido y todo es “normal”. Y eso es un grave error.
No pretendo dar una explicación de lo que es una vejez normal, pero sí quiero reflexionar sobre una condición muy frecuente en esta etapa y que si no se detecta a tiempo y se trata adecuadamente trae enorme sufrimiento a quien la padece, a sus familiares y puede, si alcanza una intensidad grave, terminar con la vida del anciano. Y esa condición mórbida, común y mal diagnosticada y peor tratada, es la depresión.
La depresión en el anciano puede tener diversas formas de presentación y no es mi interés brindar una clasificación académica de este trastorno, sino proporcionar una guía para que cualquier persona pueda pensar en esta posibilidad ante un anciano con los síntomas a los que me referiré. Paso a describirlos:
I. Depresión que se presenta como el envejecimiento normal.
En este caso el anciano muestra disminución del interés por las cosas que habitualmente lo despertaban, de la vitalidad, de la voluntad; tendencia a revivir el pasado, pérdida de peso, trastornos del sueño, algunas quejas por falta de memoria, tiende al aislamiento y permanece la mayor parte del tiempo en su habitación. (Para muchos este cuadro es propio de la vejez y no una depresión tratable.)
II. Depresión que se presenta como envejecimiento anormal.
En el anciano aparecen diversos grados de desorientación en lugar, en tiempo y con respecto a sí mismo y a los demás: confunde a las personas conocidas, es incapaz de reconocer lugares; aparece deterioro de sus habilidades y costumbres, relajación esfinteriana, esto es, se orina y defeca sin control alguno, trastornos de la marcha que hacen pensar en una enfermedad cerebrovascular, trastornos de conducta como negarse a ingerir alimentos, etc. (Para muchos este cuadro es propio de una demencia con carácter irreversible y no una depresión tratable.)
III. Depresión que se presenta como una enfermedad física, somática u orgánica.
El anciano se queja de múltiples síntomas físicos, como dolores de espalda, en las piernas, en el pecho, cefaleas. Puede quejarse también de molestias digestivas como digestión lenta, acidez, plenitud estomacal sin haber ingerido alimentos que lo justifiquen; tiende a tomar laxantes, antiácidos y otros medicamentos para sus molestias gastrointestinales; refiere pérdida de la sensación del gusto, falta de apetito y disminución del peso, problemas cardiovasculares como palpitaciones, opresión, falta de aire, etcétera. (Para muchos este cuadro es propio de alguna enfermedad del cuerpo y no una depresión tratable.)
Como se evidencia, no es conveniente atribuir cualquier síntoma del anciano a su vejez, a los achaques de la misma, a una demencia o a una enfermedad física, pues puede ser la manifestación de una depresión tratable y, por tanto, puede el anciano recuperar su vitalidad y el resto de las funciones comprometidas. Si no se diagnostica adecuadamente, se puede hacer crónica y en el peor de los casos, termina su vida con el suicidio.
No pretendo dar una explicación de lo que es una vejez normal, pero sí quiero reflexionar sobre una condición muy frecuente en esta etapa y que si no se detecta a tiempo y se trata adecuadamente trae enorme sufrimiento a quien la padece, a sus familiares y puede, si alcanza una intensidad grave, terminar con la vida del anciano. Y esa condición mórbida, común y mal diagnosticada y peor tratada, es la depresión.
La depresión en el anciano puede tener diversas formas de presentación y no es mi interés brindar una clasificación académica de este trastorno, sino proporcionar una guía para que cualquier persona pueda pensar en esta posibilidad ante un anciano con los síntomas a los que me referiré. Paso a describirlos:
I. Depresión que se presenta como el envejecimiento normal.
En este caso el anciano muestra disminución del interés por las cosas que habitualmente lo despertaban, de la vitalidad, de la voluntad; tendencia a revivir el pasado, pérdida de peso, trastornos del sueño, algunas quejas por falta de memoria, tiende al aislamiento y permanece la mayor parte del tiempo en su habitación. (Para muchos este cuadro es propio de la vejez y no una depresión tratable.)
II. Depresión que se presenta como envejecimiento anormal.
En el anciano aparecen diversos grados de desorientación en lugar, en tiempo y con respecto a sí mismo y a los demás: confunde a las personas conocidas, es incapaz de reconocer lugares; aparece deterioro de sus habilidades y costumbres, relajación esfinteriana, esto es, se orina y defeca sin control alguno, trastornos de la marcha que hacen pensar en una enfermedad cerebrovascular, trastornos de conducta como negarse a ingerir alimentos, etc. (Para muchos este cuadro es propio de una demencia con carácter irreversible y no una depresión tratable.)
III. Depresión que se presenta como una enfermedad física, somática u orgánica.
El anciano se queja de múltiples síntomas físicos, como dolores de espalda, en las piernas, en el pecho, cefaleas. Puede quejarse también de molestias digestivas como digestión lenta, acidez, plenitud estomacal sin haber ingerido alimentos que lo justifiquen; tiende a tomar laxantes, antiácidos y otros medicamentos para sus molestias gastrointestinales; refiere pérdida de la sensación del gusto, falta de apetito y disminución del peso, problemas cardiovasculares como palpitaciones, opresión, falta de aire, etcétera. (Para muchos este cuadro es propio de alguna enfermedad del cuerpo y no una depresión tratable.)
Como se evidencia, no es conveniente atribuir cualquier síntoma del anciano a su vejez, a los achaques de la misma, a una demencia o a una enfermedad física, pues puede ser la manifestación de una depresión tratable y, por tanto, puede el anciano recuperar su vitalidad y el resto de las funciones comprometidas. Si no se diagnostica adecuadamente, se puede hacer crónica y en el peor de los casos, termina su vida con el suicidio.
Psicoterapia de inhibición recíproca
Joseph Wolpe se basa en que los síntomas neuróticos son hábitos adquiridos por aprendizaje y deben ser eliminados por medio de técnicas que anulen ese aprendizaje.
Toda excitación neural estimula a las neuronas efectoras, las cuales originan una respuesta motora que debe descargar la excitación con o sin actividad consciente, si la conducta obtiene la descarga de la excitación, se producirá el aprendizaje y el organismo tenderá a repetir esa conducta cada vez que la excitación aparezca, dando origen así a la formación de hábitos.
El componente decisivo es la angustia, respuesta del sistema nervioso frente a estímulos dañinos o fenómenos que lo amenacen. La angustia se une a circunstancias coincidentes con él como respuesta condicionada.
Wolpe cree que la angustia puede ser también producida por conflictos irresueltos. El sujeto neurótico ha aprendido a reaccionar con angustia ante objetos o situaciones neutras. Esa angustia da origen a una serie de otros síntomas que son intentos de evitarla o huir de ella (fobias, obsesiones, adicciones, perversiones, manifestaciones histéricas, etc.).
La terapéutica está dirigida a conseguir que el paciente “desaprenda” las secuencias establecidas, que logre extinguir las reacciones normales aprendidas. Wolpe provoca la inhibición recíproca con la repetición del acontecimiento productor de la patología asociando a la respuesta aprendida que quiere eliminar, una respuesta antagónica que reemplazará poco a poco a la antigua.
El método más usado es una progresiva extinción de la angustia por medio de la exposición del paciente al estímulo, se le pide al sujeto vivir imaginariamente una escena de las que le produciría angustia, se insiste en la relajación psicofísica hasta que vuelva la calma, y se repite la experiencia hasta que el componente angustioso no aparezca.
En la misma sesión se induce al paciente a imaginar vívidamente otra escena más angustiante aún y se renueva el procedimiento “desensibilizándolo” progresivamente. Este “descondicionamiento” actúa luego en la vida real y el paciente se va así liberando de sus síntomas.
Como hemos visto, se trata de un entrenamiento relacionado con los reflejos condicionados.
Toda excitación neural estimula a las neuronas efectoras, las cuales originan una respuesta motora que debe descargar la excitación con o sin actividad consciente, si la conducta obtiene la descarga de la excitación, se producirá el aprendizaje y el organismo tenderá a repetir esa conducta cada vez que la excitación aparezca, dando origen así a la formación de hábitos.
El componente decisivo es la angustia, respuesta del sistema nervioso frente a estímulos dañinos o fenómenos que lo amenacen. La angustia se une a circunstancias coincidentes con él como respuesta condicionada.
Wolpe cree que la angustia puede ser también producida por conflictos irresueltos. El sujeto neurótico ha aprendido a reaccionar con angustia ante objetos o situaciones neutras. Esa angustia da origen a una serie de otros síntomas que son intentos de evitarla o huir de ella (fobias, obsesiones, adicciones, perversiones, manifestaciones histéricas, etc.).
La terapéutica está dirigida a conseguir que el paciente “desaprenda” las secuencias establecidas, que logre extinguir las reacciones normales aprendidas. Wolpe provoca la inhibición recíproca con la repetición del acontecimiento productor de la patología asociando a la respuesta aprendida que quiere eliminar, una respuesta antagónica que reemplazará poco a poco a la antigua.
El método más usado es una progresiva extinción de la angustia por medio de la exposición del paciente al estímulo, se le pide al sujeto vivir imaginariamente una escena de las que le produciría angustia, se insiste en la relajación psicofísica hasta que vuelva la calma, y se repite la experiencia hasta que el componente angustioso no aparezca.
En la misma sesión se induce al paciente a imaginar vívidamente otra escena más angustiante aún y se renueva el procedimiento “desensibilizándolo” progresivamente. Este “descondicionamiento” actúa luego en la vida real y el paciente se va así liberando de sus síntomas.
Como hemos visto, se trata de un entrenamiento relacionado con los reflejos condicionados.
sábado, 27 de noviembre de 2010
SOBRE LA CELOTIPIA
Violencia y celos suelen ser dos caras de una misma moneda. El agresor es un ser profundo y patologicamente celoso, pues ansía la exclusividad, quiere ser el primero y el único en la atención de la mujer. Por ello, la gran parte de los actos de violencia se inician ante la percepción errónea de que ella, su mujer, le puede dejar. La celotipia también se da en las mujeres, pero mientras ellas suelen recurrir al desprecio, la indiferencia o el chantaje emocional hacia la pareja (por ejemplo amenazarlo con suicidarse), los hombres celosos acuden además a la violencia física. En toda relación de pareja se presentan los celos en algún grado. La patología aparece cuando el celoso llega al extremo de interpretar cualquier conducta de su pareja como digna de las peores sospechas. Los psicólogos definen al celotípico como alguien que vive en función de la posible infidelidad de su pareja y que puede llegar a sentir incluso cierto placer pensando en ese supuesto engaño. Normalmente son personas de pensamiento muy tradicional, inseguras, de baja autoestima y, en muchos casos, con una infancia muy peculiar. Son controladores, irracionales, tremendistas y con nula capacidad para objetivar la realidad. En casos de celotipia muy exagerada hace falta medicación. En otros, lo más eficaz en la psicoterapia, pero separando al celotípico de su víctima, ya que el primero, con su actitud, provoca conflictos psicológicos en la segunda. El problema es que socialmente esté aceptado que todos seamos un poco celosos y por eso pocas parejas optan por una terapia. Ante todo, el celoso debe reconocer su patología y luego procurar que aumente su grado de satisfacción en sus actividades cotidianas, ya que esta persona pierde el tiempo en pensar qué estará haciendo su pareja, y si está con ella, cavilando sobre qué estará pensando. En la víctima se trata de modificar su actitud: al celoso nunca se le debe mentir para evitar un conflicto, pues lo único que se consigue es reforzar aún más si obsesión. Los celotípicos preguntan y controlan tanto que casi siempre llegan a descubrir el engaño.
viernes, 26 de noviembre de 2010
Como entender y ayudar a los adolescentes
Artículo publicado por Adriana Isabel Lettieri el 15/10/2009
Los adolescentes de etapas intermedias van resolviendo más fácilmente estos conflictos vinculares y es en los últimos años de este momento de la vida, denominada adolescencia tardía, cuando el joven enfrenta la preocupación por su ubicación en el mundo adulto, la independencia social y económica progresivas y las responsabilidades acerca de lo que hará durante el resto de su vida.
Características generales de la adolescencia:
Habitualmente se caracteriza este período de la vida por la inclinación al idealismo, el humor inestable, los conflictos acerca del lugar que se ocupa en el mundo y al rol a desempeñar, la rebeldía ante pautas fijas, la inquietud interior por la búsqueda de la identidad. Así los adultos y el grupo de pares van definiendo los roles a desempeñar por el adolescente y éste, al asumir tales roles, asume su identidad. Este es el tema central… la identidad… llegar a saber quién es uno mismo, cuáles son sus valores y creencias, qué es lo que se desea realizar y obtener en la vida.
En la etapa temprana de la adolescencia la novedad es el componente erótico que se agrega a las fantasías y aparecen las contradicciones acerca del logro de la individualidad e independencia del adulto y la necesidad de parecerse a sus pares.
Los adolescentes de etapas intermedias van resolviendo más fácilmente estos conflictos vinculares y es en los últimos años de este momento de la vida, denominada adolescencia tardía, cuando el joven enfrenta la preocupación por su ubicación en el mundo adulto, la independencia social y económica progresivas y las responsabilidades acerca de lo que hará durante el resto de su vida.
Cuando se habla de una “cultura adolescente” se está mencionando a aquellas formas que tienen equivalente a ritos de iniciación en otras culturas como pueden ser el tipo de corte de cabellos, el estilo para vestir, la inscripción de tatuajes en la piel, períodos de ayuno o bulimia, etc. Abandonar estas prácticas que caracterizan este intervalo entre la niñez y la madurez sexual con la consiguiente condición social de adulto se hace más difícil cuanto más se complejiza la sociedad. En los últimos tiempos se percibe urgencia por agotar recursos vitales, disfrutar de placeres de la vida antes de que se acentúen crisis sociales o que las obligaciones de la vida adulta las dificulten. Es bueno destacar que es propio de los adultos racionalizar acerca de lo inevitable de ciertas actitudes adolescentes olvidando que son el resultado del modo en que nos vinculamos con ellos y que cuando se generan conflictos entre jóvenes y adultos son producto de una interacción anómala que se retroalimenta en círculo vicioso y que depende de frustraciones recíprocas y de vivencias evocadas por los adultos de su propia adolescencia. El adolescente se mueve alternativamente entre la cultura de los adultos y la de sus pares. Si bien existen adolescentes solitarios, en general, los caracteriza la búsqueda de grupos de pares que tienden a ser grupos homogéneos por los gustos e intereses comunes.
El adolescente y la familia:
A medida que el adolescente va perfilando su identidad independiente debe ir rompiendo lazos basados en la autoridad, el respeto, el trato íntimo, el dinero, el impulso, el impulso posesivo y la cotidianeidad. En esos momentos, de tener un ámbito propio, es posible que se refugie en él, lo que le permitirá autoobservarse, meditar y registrar su crecimiento ensayando posturas, gestos y estilos de vestimenta. En la base de la conflictiva vincular suele estar la ambivalencia o ambigüedad afectiva. Así se suscitan sentimientos encontrados respecto del propio cuerpo y la inseguridad acerca de mantener conductas de niño o abandonarlas. Esta ambivalencia es la lucha que se produce entre los sentimientos amorosos y de hostilidad o resentimiento. Por otra parte el mundo del adulto resulta anhelado por el adolescente pero también temido por lo cual es probable que el adolescente cuestione todo en su búsqueda de valores a alcanzar por él mismo los que, paradójicamente, son en muchos casos coincidentes con los que cuestiona cuando intentan trasmitírselos sus mayores.
En los padres el crecimiento de los hijos adolescentes puede reactivar temores y conflictos no resueltos de la propia adolescencia y, en algunos casos puede producirse un sabotaje de la autonomía de los hijos con carácter afectuoso y bien intencionado pero que no deja de ser conflictivo. El joven no siempre puede asimilar las “lecciones de vida” que sus padres pretenden brindarles porque no conoce todavía lo suficiente del medio externo a la familia como para que adquieran sentido para él y cree que sus padres viven del pasado.
Es bueno destacar que no siempre la ausencia de conflictos visibles es un indicador de que todo marcha bien, ya que puede corresponder a un sometimiento a una educación autoritaria o a una dependencia afectiva exagerada que no permite la maduración. El sacrificio ante el que se encuentran tanto los padres como los hijos es a la renuncia de la dependencia y serán los primeros los que deban ayudar al hijo a separarse de ellos. Aunque a los padres comúnmente los invaden temores, en general, la mayoría de los adolescentes no tienen graves problemas si se deposita en ellos confianza y respeto de sus acciones. Los padres deben aprender a diferenciar si el adolescente exige libertad porque siente que está preparado para asumirla o para probar si lo está, ya que en este caso el hijo puede sentir que lo abandonan si ceden a sus reclamos.
La gratitud del adolescente sobrevendrá cuando el joven alcance la estabilidad y compruebe que los padres lo prepararon para la vida mejor de lo que creían. Un término medio es que los padres fijen un punto en que las decisiones les correspondan a ellos dejando un margen de libertad al adolescente para ensayar cosas y cometer errores.
Respecto a la sexualidad es conveniente que los jóvenes ya estén informados por sus padres antes de la pubertad y que durante la adolescencia se pueda dialogar acerca de ansiedades, temores, dudas y la problemática que generan los enamoramientos.
El adolescente y sus pares:
El adolescente se mueve alternativamente entre la cultura de los adultos y la de sus pares. Si bien existen adolescentes solitarios, en general, los caracteriza la búsqueda de grupos de pares que tienden a ser grupos homogéneos por los gustos e intereses comunes.
En esta etapa tan particular de la vida los jóvenes tratan de estar cada vez menos en su hogar y si lo está lo pasa sumido en sus ocupaciones y para los que estudian la mayoría del tiempo diurno se pasa en la escuela compartiendo con pares no sólo tareas sino distracciones.
El tema fundamental entre los grupos de pares es el de la búsqueda de reconocimiento, prestigio y de identidad en cuanto al grupo en sí. En general son selectivos en la elección de grupos y éstos se conforman por la orientación respecto del futuro, por nivel social, tipos de personalidad o la combinación de estos factores. Los grupos marginados suelen ser conformados por aquellos jóvenes que han sido rechazados por otros grupos.
También los adolescentes tienen gran número de conocidos y de relaciones casuales ya que adquieren la habilidad de relación por intercambio de saludos que los afianzan en el sentimiento de
popularidad con el que gozan. Otros jóvenes prefieren amistades más directas e individualizadas y es común que aún extendiendo el círculo al grupo de pares se mantenga un vínculo de amigo o amiga intima.
Al fin, el adolescente se va volviendo independiente de las normas y valores del grupo de pares hasta alcanzar el mundo adulto pero estos les valen como apoyo en la concreción de su identidad.
En general suele suceder que la educación media intenta suplir el déficit de la educación primaria y esta ha tratado, a su vez, de suplir las falencias familiares.
El adolescente y la escuela:
En el ámbito escolar los adolescentes acceden al mismo logrando la realización de una ceremonia de iniciación en esta etapa de su vida demarcada por el paso de la escolaridad primaria a la secundaria… pero no siempre el trabajo en clase responde a los intereses de los jóvenes quienes necesitan ayuda para planes que sean a la vez imaginativos y realistas.
En general suele suceder que la educación media intenta suplir el déficit de la educación primaria y esta ha tratado, a su vez, de suplir las falencias familiares. A esto se agrega que muchos adolescentes no están preparados vocacionalmente para el estudio que encararon o sus niveles de conflictiva neurótica no les permite asimilar los nuevos conocimientos. En el marco de este sistema educativo si no se les brinda materia de interés o de significación para ellos les generará rebeldía o apatía. Está en el docente la posibilidad de expandir el espacio que brinda la convivencia con los jóvenes para proponer actividades de conjunto que sean creativas, convirtiéndolas en fuentes de información y asesoramiento personal. El joven necesita dirigirse a alguien que lo comprenda y le explique lo que le está sucediendo en términos de crecimiento psicofísico y social. Los docentes pueden colaborar en esta tarea y a la vez orientar para la búsqueda de consultas especializadas en caso de necesidad. Es necesario que el docente no caiga en la actitud de denuncia de desviaciones sociales del adolescente ni intente deplorar la situación de la generación joven por sentirla equivocada debido a sus propios prejuicios, ni a criticar a los padres sin conocimiento real de causa, sino que debería utilizar su rica energía en planificar acciones para ayudar a los alumnos a buscar otras salidas sociales más fructíferas utilizando las ideas y las energías de los alumnos en beneficio de ellos mismos y de la sociedad.
Si docentes y alumnos pueden trabajar juntos para cumplir con un programa de estudios, con los contenidos curriculares, no es imposible que se consulten y respeten mutuamente acerca de otros temas que los haga sentirse contenidos, siendo una prometedora manera de evitar problemas.
Principales problemas de salud de los adolescentes:
Un reciente artículo publicado por expertos de la OMS resume los principales problemas de salud de los adolescentes. Y da pistas para enfrentarlos.
Salud mental
Muchos problemas de salud mental surgen al término de la infancia y principios de la adolescencia. El hecho de potenciar la sociabilidad, la capacidad para resolver problemas y la confianza en uno mismo ayuda a prevenir problemas de salud mental como los trastornos del comportamiento, la ansiedad, la depresión o los trastornos ligados a la comida, junto con otras conductas de riesgo como las ligadas a la vida sexual, el consumo de sustancias o las actitudes violentas. Los profesionales de la salud deben contar con las competencias necesarias para relacionarse con gente joven, detectar con prontitud problemas de salud mental y proponer tratamientos que incluyan asesoramiento, terapia congnitiva conductual y, cuando convenga, medicación psicotrópica.
Consumo de sustancias tóxicas
Además de las leyes que restringen la disponibilidad de sustancias ilícitas, tabaco y alcohol, las intervenciones para reducir la demanda de tales productos generan condiciones más propicias a un desarrollo saludable.
Para que los adolescentes estén menos predispuestos a consumir sustancias es eficaz informarlos de los peligros que ello entraña y capacitarlos para resistir a las presiones de los amigos y manejar el estrés de forma sana.
La malnutrición crónica en los primeros años de vida provoca frecuentes retrasos del crecimiento y afecta a la persona, tanto sanitaria como socialmente, durante toda su vida. Aunque la mejor prevención empieza en la niñez, la adopción de medidas para mejorar el acceso a los alimentos también sería beneficiosa para los adolescentes.
Violencia
Los programas de desarrollo social y preparación para la vida cotidiana dirigidos a niños y adolescentes son importantes para reducir los comportamientos violentos. También resulta eficaz prestar apoyo a padres y profesores para que enseñen a los jóvenes a resolver problemas y sepan imponer la disciplina sin recurrir a la violencia. Cuando de todos modos ésta aparece, las medidas para lograr que los sistemas de salud estén más atentos a la cuestión y que sus profesionales actúen con mayor empatía y competencia pueden ayudar a que los adolescentes que son objeto de violencia (comprendida la sexual) sean atendidos y tratados con eficacia a la par que delicadeza. Un continuo apoyo psicológico y social puede ayudar a esos adolescentes a desactivar los efectos psicológicos que a largo plazo engendra la violencia y reduce la probabilidad de que ellos, a su vez, la perpetúen en el futuro.
Traumatismos y accidentes
Para proteger la salud de los adolescentes es importante encontrar fórmulas para reducir las colisiones en las vías de tránsito y los graves traumatismos que provocan. Entre ellas figuran las siguientes:
* hacer cumplir las limitaciones de velocidad;
* combinar acciones pedagógicas con medidas legislativas para promover el uso del cinturón de seguridad (y el casco) y prevenir la conducción bajo los efectos del alcohol u otras sustancias psicoactivas;
* proponer alternativas a la conducción, incrementando la disponibilidad y seguridad de medios de transporte público baratos.
Las medidas destinadas a generar un entorno más seguro y a enseñar a los niños y adolescentes a evitar caídas, quemaduras y ahogamientos pueden reducir las probabilidades de que se produzcan este tipo de accidentes. Cuando alguien resulta herido, el rápido acceso a una atención traumatológica eficaz puede salvarle la vida.
Nutrición
La malnutrición crónica en los primeros años de vida provoca frecuentes retrasos del crecimiento y afecta a la persona, tanto sanitaria como socialmente, durante toda su vida. Aunque la mejor prevención empieza en la niñez, la adopción de medidas para mejorar el acceso a los alimentos también sería beneficiosa para los adolescentes. La anemia es uno de los principales problemas de origen nutricional que afecta a las chicas.
Prevenir embarazos precoces y mejorar el estado de nutrición de las niñas antes de que queden embarazadas podría reducir la mortalidad materna e infantil y ayudar a romper el círculo vicioso de la malnutrición intergeneracional.
Ello requiere no sólo mejorar el acceso a alimentos nutritivos y a suplementos de micronutrientes, sino también, en muchos sitios, prevenir las infecciones. La adolescencia es un buen momento para adquirir hábitos saludables de alimentación y ejercicio, que pueden contribuir al bienestar físico y psicológico durante ese periodo, y para reducir la probabilidad de que en la edad adulta aparezcan enfermedades crónicas relacionadas con la nutrición. Promover modos de vida sanos también es fundamental para atajar la rápida progresión de la epidemia de obesidad.
Salud sexual y reproductiva
Los programas para impartir a los adolescentes educación sobre salud sexual y reproductiva deben ir combinados con otros programas que los inciten a aplicar lo aprendido en su vida cotidiana, y también con medidas para que accedan fácilmente a cualquier servicio de salud preventiva o curativa que necesiten y sean atendidos por personal sanitario competente y comprensivo.
Para combatir la coacción sexual en la adolescencia hay que actuar a varios niveles. Conviene promulgar y aplicar enérgicamente leyes que castiguen con dureza estos delitos y movilizar a la opinión pública para que ejerza una intransigencia feroz ante semejantes actos. Conviene asimismo proteger a las niñas y mujeres del acoso y la coacción sexuales en establecimientos educativos, lugares de trabajo y otros escenarios de la vida en comunidad.
Los adolescentes de etapas intermedias van resolviendo más fácilmente estos conflictos vinculares y es en los últimos años de este momento de la vida, denominada adolescencia tardía, cuando el joven enfrenta la preocupación por su ubicación en el mundo adulto, la independencia social y económica progresivas y las responsabilidades acerca de lo que hará durante el resto de su vida.
Características generales de la adolescencia:
Habitualmente se caracteriza este período de la vida por la inclinación al idealismo, el humor inestable, los conflictos acerca del lugar que se ocupa en el mundo y al rol a desempeñar, la rebeldía ante pautas fijas, la inquietud interior por la búsqueda de la identidad. Así los adultos y el grupo de pares van definiendo los roles a desempeñar por el adolescente y éste, al asumir tales roles, asume su identidad. Este es el tema central… la identidad… llegar a saber quién es uno mismo, cuáles son sus valores y creencias, qué es lo que se desea realizar y obtener en la vida.
En la etapa temprana de la adolescencia la novedad es el componente erótico que se agrega a las fantasías y aparecen las contradicciones acerca del logro de la individualidad e independencia del adulto y la necesidad de parecerse a sus pares.
Los adolescentes de etapas intermedias van resolviendo más fácilmente estos conflictos vinculares y es en los últimos años de este momento de la vida, denominada adolescencia tardía, cuando el joven enfrenta la preocupación por su ubicación en el mundo adulto, la independencia social y económica progresivas y las responsabilidades acerca de lo que hará durante el resto de su vida.
Cuando se habla de una “cultura adolescente” se está mencionando a aquellas formas que tienen equivalente a ritos de iniciación en otras culturas como pueden ser el tipo de corte de cabellos, el estilo para vestir, la inscripción de tatuajes en la piel, períodos de ayuno o bulimia, etc. Abandonar estas prácticas que caracterizan este intervalo entre la niñez y la madurez sexual con la consiguiente condición social de adulto se hace más difícil cuanto más se complejiza la sociedad. En los últimos tiempos se percibe urgencia por agotar recursos vitales, disfrutar de placeres de la vida antes de que se acentúen crisis sociales o que las obligaciones de la vida adulta las dificulten. Es bueno destacar que es propio de los adultos racionalizar acerca de lo inevitable de ciertas actitudes adolescentes olvidando que son el resultado del modo en que nos vinculamos con ellos y que cuando se generan conflictos entre jóvenes y adultos son producto de una interacción anómala que se retroalimenta en círculo vicioso y que depende de frustraciones recíprocas y de vivencias evocadas por los adultos de su propia adolescencia. El adolescente se mueve alternativamente entre la cultura de los adultos y la de sus pares. Si bien existen adolescentes solitarios, en general, los caracteriza la búsqueda de grupos de pares que tienden a ser grupos homogéneos por los gustos e intereses comunes.
El adolescente y la familia:
A medida que el adolescente va perfilando su identidad independiente debe ir rompiendo lazos basados en la autoridad, el respeto, el trato íntimo, el dinero, el impulso, el impulso posesivo y la cotidianeidad. En esos momentos, de tener un ámbito propio, es posible que se refugie en él, lo que le permitirá autoobservarse, meditar y registrar su crecimiento ensayando posturas, gestos y estilos de vestimenta. En la base de la conflictiva vincular suele estar la ambivalencia o ambigüedad afectiva. Así se suscitan sentimientos encontrados respecto del propio cuerpo y la inseguridad acerca de mantener conductas de niño o abandonarlas. Esta ambivalencia es la lucha que se produce entre los sentimientos amorosos y de hostilidad o resentimiento. Por otra parte el mundo del adulto resulta anhelado por el adolescente pero también temido por lo cual es probable que el adolescente cuestione todo en su búsqueda de valores a alcanzar por él mismo los que, paradójicamente, son en muchos casos coincidentes con los que cuestiona cuando intentan trasmitírselos sus mayores.
En los padres el crecimiento de los hijos adolescentes puede reactivar temores y conflictos no resueltos de la propia adolescencia y, en algunos casos puede producirse un sabotaje de la autonomía de los hijos con carácter afectuoso y bien intencionado pero que no deja de ser conflictivo. El joven no siempre puede asimilar las “lecciones de vida” que sus padres pretenden brindarles porque no conoce todavía lo suficiente del medio externo a la familia como para que adquieran sentido para él y cree que sus padres viven del pasado.
Es bueno destacar que no siempre la ausencia de conflictos visibles es un indicador de que todo marcha bien, ya que puede corresponder a un sometimiento a una educación autoritaria o a una dependencia afectiva exagerada que no permite la maduración. El sacrificio ante el que se encuentran tanto los padres como los hijos es a la renuncia de la dependencia y serán los primeros los que deban ayudar al hijo a separarse de ellos. Aunque a los padres comúnmente los invaden temores, en general, la mayoría de los adolescentes no tienen graves problemas si se deposita en ellos confianza y respeto de sus acciones. Los padres deben aprender a diferenciar si el adolescente exige libertad porque siente que está preparado para asumirla o para probar si lo está, ya que en este caso el hijo puede sentir que lo abandonan si ceden a sus reclamos.
La gratitud del adolescente sobrevendrá cuando el joven alcance la estabilidad y compruebe que los padres lo prepararon para la vida mejor de lo que creían. Un término medio es que los padres fijen un punto en que las decisiones les correspondan a ellos dejando un margen de libertad al adolescente para ensayar cosas y cometer errores.
Respecto a la sexualidad es conveniente que los jóvenes ya estén informados por sus padres antes de la pubertad y que durante la adolescencia se pueda dialogar acerca de ansiedades, temores, dudas y la problemática que generan los enamoramientos.
El adolescente y sus pares:
El adolescente se mueve alternativamente entre la cultura de los adultos y la de sus pares. Si bien existen adolescentes solitarios, en general, los caracteriza la búsqueda de grupos de pares que tienden a ser grupos homogéneos por los gustos e intereses comunes.
En esta etapa tan particular de la vida los jóvenes tratan de estar cada vez menos en su hogar y si lo está lo pasa sumido en sus ocupaciones y para los que estudian la mayoría del tiempo diurno se pasa en la escuela compartiendo con pares no sólo tareas sino distracciones.
El tema fundamental entre los grupos de pares es el de la búsqueda de reconocimiento, prestigio y de identidad en cuanto al grupo en sí. En general son selectivos en la elección de grupos y éstos se conforman por la orientación respecto del futuro, por nivel social, tipos de personalidad o la combinación de estos factores. Los grupos marginados suelen ser conformados por aquellos jóvenes que han sido rechazados por otros grupos.
También los adolescentes tienen gran número de conocidos y de relaciones casuales ya que adquieren la habilidad de relación por intercambio de saludos que los afianzan en el sentimiento de
popularidad con el que gozan. Otros jóvenes prefieren amistades más directas e individualizadas y es común que aún extendiendo el círculo al grupo de pares se mantenga un vínculo de amigo o amiga intima.
Al fin, el adolescente se va volviendo independiente de las normas y valores del grupo de pares hasta alcanzar el mundo adulto pero estos les valen como apoyo en la concreción de su identidad.
En general suele suceder que la educación media intenta suplir el déficit de la educación primaria y esta ha tratado, a su vez, de suplir las falencias familiares.
El adolescente y la escuela:
En el ámbito escolar los adolescentes acceden al mismo logrando la realización de una ceremonia de iniciación en esta etapa de su vida demarcada por el paso de la escolaridad primaria a la secundaria… pero no siempre el trabajo en clase responde a los intereses de los jóvenes quienes necesitan ayuda para planes que sean a la vez imaginativos y realistas.
En general suele suceder que la educación media intenta suplir el déficit de la educación primaria y esta ha tratado, a su vez, de suplir las falencias familiares. A esto se agrega que muchos adolescentes no están preparados vocacionalmente para el estudio que encararon o sus niveles de conflictiva neurótica no les permite asimilar los nuevos conocimientos. En el marco de este sistema educativo si no se les brinda materia de interés o de significación para ellos les generará rebeldía o apatía. Está en el docente la posibilidad de expandir el espacio que brinda la convivencia con los jóvenes para proponer actividades de conjunto que sean creativas, convirtiéndolas en fuentes de información y asesoramiento personal. El joven necesita dirigirse a alguien que lo comprenda y le explique lo que le está sucediendo en términos de crecimiento psicofísico y social. Los docentes pueden colaborar en esta tarea y a la vez orientar para la búsqueda de consultas especializadas en caso de necesidad. Es necesario que el docente no caiga en la actitud de denuncia de desviaciones sociales del adolescente ni intente deplorar la situación de la generación joven por sentirla equivocada debido a sus propios prejuicios, ni a criticar a los padres sin conocimiento real de causa, sino que debería utilizar su rica energía en planificar acciones para ayudar a los alumnos a buscar otras salidas sociales más fructíferas utilizando las ideas y las energías de los alumnos en beneficio de ellos mismos y de la sociedad.
Si docentes y alumnos pueden trabajar juntos para cumplir con un programa de estudios, con los contenidos curriculares, no es imposible que se consulten y respeten mutuamente acerca de otros temas que los haga sentirse contenidos, siendo una prometedora manera de evitar problemas.
Principales problemas de salud de los adolescentes:
Un reciente artículo publicado por expertos de la OMS resume los principales problemas de salud de los adolescentes. Y da pistas para enfrentarlos.
Salud mental
Muchos problemas de salud mental surgen al término de la infancia y principios de la adolescencia. El hecho de potenciar la sociabilidad, la capacidad para resolver problemas y la confianza en uno mismo ayuda a prevenir problemas de salud mental como los trastornos del comportamiento, la ansiedad, la depresión o los trastornos ligados a la comida, junto con otras conductas de riesgo como las ligadas a la vida sexual, el consumo de sustancias o las actitudes violentas. Los profesionales de la salud deben contar con las competencias necesarias para relacionarse con gente joven, detectar con prontitud problemas de salud mental y proponer tratamientos que incluyan asesoramiento, terapia congnitiva conductual y, cuando convenga, medicación psicotrópica.
Consumo de sustancias tóxicas
Además de las leyes que restringen la disponibilidad de sustancias ilícitas, tabaco y alcohol, las intervenciones para reducir la demanda de tales productos generan condiciones más propicias a un desarrollo saludable.
Para que los adolescentes estén menos predispuestos a consumir sustancias es eficaz informarlos de los peligros que ello entraña y capacitarlos para resistir a las presiones de los amigos y manejar el estrés de forma sana.
La malnutrición crónica en los primeros años de vida provoca frecuentes retrasos del crecimiento y afecta a la persona, tanto sanitaria como socialmente, durante toda su vida. Aunque la mejor prevención empieza en la niñez, la adopción de medidas para mejorar el acceso a los alimentos también sería beneficiosa para los adolescentes.
Violencia
Los programas de desarrollo social y preparación para la vida cotidiana dirigidos a niños y adolescentes son importantes para reducir los comportamientos violentos. También resulta eficaz prestar apoyo a padres y profesores para que enseñen a los jóvenes a resolver problemas y sepan imponer la disciplina sin recurrir a la violencia. Cuando de todos modos ésta aparece, las medidas para lograr que los sistemas de salud estén más atentos a la cuestión y que sus profesionales actúen con mayor empatía y competencia pueden ayudar a que los adolescentes que son objeto de violencia (comprendida la sexual) sean atendidos y tratados con eficacia a la par que delicadeza. Un continuo apoyo psicológico y social puede ayudar a esos adolescentes a desactivar los efectos psicológicos que a largo plazo engendra la violencia y reduce la probabilidad de que ellos, a su vez, la perpetúen en el futuro.
Traumatismos y accidentes
Para proteger la salud de los adolescentes es importante encontrar fórmulas para reducir las colisiones en las vías de tránsito y los graves traumatismos que provocan. Entre ellas figuran las siguientes:
* hacer cumplir las limitaciones de velocidad;
* combinar acciones pedagógicas con medidas legislativas para promover el uso del cinturón de seguridad (y el casco) y prevenir la conducción bajo los efectos del alcohol u otras sustancias psicoactivas;
* proponer alternativas a la conducción, incrementando la disponibilidad y seguridad de medios de transporte público baratos.
Las medidas destinadas a generar un entorno más seguro y a enseñar a los niños y adolescentes a evitar caídas, quemaduras y ahogamientos pueden reducir las probabilidades de que se produzcan este tipo de accidentes. Cuando alguien resulta herido, el rápido acceso a una atención traumatológica eficaz puede salvarle la vida.
Nutrición
La malnutrición crónica en los primeros años de vida provoca frecuentes retrasos del crecimiento y afecta a la persona, tanto sanitaria como socialmente, durante toda su vida. Aunque la mejor prevención empieza en la niñez, la adopción de medidas para mejorar el acceso a los alimentos también sería beneficiosa para los adolescentes. La anemia es uno de los principales problemas de origen nutricional que afecta a las chicas.
Prevenir embarazos precoces y mejorar el estado de nutrición de las niñas antes de que queden embarazadas podría reducir la mortalidad materna e infantil y ayudar a romper el círculo vicioso de la malnutrición intergeneracional.
Ello requiere no sólo mejorar el acceso a alimentos nutritivos y a suplementos de micronutrientes, sino también, en muchos sitios, prevenir las infecciones. La adolescencia es un buen momento para adquirir hábitos saludables de alimentación y ejercicio, que pueden contribuir al bienestar físico y psicológico durante ese periodo, y para reducir la probabilidad de que en la edad adulta aparezcan enfermedades crónicas relacionadas con la nutrición. Promover modos de vida sanos también es fundamental para atajar la rápida progresión de la epidemia de obesidad.
Salud sexual y reproductiva
Los programas para impartir a los adolescentes educación sobre salud sexual y reproductiva deben ir combinados con otros programas que los inciten a aplicar lo aprendido en su vida cotidiana, y también con medidas para que accedan fácilmente a cualquier servicio de salud preventiva o curativa que necesiten y sean atendidos por personal sanitario competente y comprensivo.
Para combatir la coacción sexual en la adolescencia hay que actuar a varios niveles. Conviene promulgar y aplicar enérgicamente leyes que castiguen con dureza estos delitos y movilizar a la opinión pública para que ejerza una intransigencia feroz ante semejantes actos. Conviene asimismo proteger a las niñas y mujeres del acoso y la coacción sexuales en establecimientos educativos, lugares de trabajo y otros escenarios de la vida en comunidad.
¿Qué lleva a un muchacho a matar?
¿Qué puede llevar a un muchacho a matar?
“¿Crees que encontraremos otro colegio?”, le preguntó Tim Kretschmer al conductor del automóvil que había secuestrado luego de que disparara en la cabeza a nueve estudiantes y tres profesoras del colegio Albertville, en Winnenden (Alemania). Lucía tranquilo. Tenía 17 años y una pistola Beretta. Buscaba otra escuela, pero la policía lo encontró antes. Asesinó a dos personas más y se suicidó. Le gustaban las armas. Tres semanas antes había practicado con su padre en una escuela de tiro.
Ese mismo día, 11 de marzo, en Alabama, Estados Unidos, otro joven, Michael McLendon, de 28 años, asesinó —también antes de suicidarse— a su madre, a los perros de esta, a su abuela, a tres familiares, a un bebe y a tres personas más. Tenía dos rifles de asalto y una pistola de calibre 38. En casa guardaba un listado de nombres de personas con las que no se llevaba bien. Un día antes había comprado las municiones. McLendon era una persona infeliz, dice la policía.
Mientras el mundo se horrorizaba ante estos crímenes sin móvil aparente, en Chimbote enterraban a la niña de 8 años que fue secuestrada y asesinada por su prima y el enamorado de esta: Leslie Caballero, de 20 años, y Max Egúsquiza, dos años menor, estudiante de Medicina. Fue él quien la ahorcó luego de cobrar el rescate, con el que pagó parte de su ciclo universitario.
¿Qué ocasiona que un joven —aparentemente normal— asesine sin piedad a otra persona? La disponibilidad de armas, la marginación, el resentimiento y la humillación constituyen un coctel fatal en jóvenes que tienen poca tolerancia a la frustración.
“Los que tienen un trastorno disocial de la personalidad son los más propensos a estos actos. De niños mienten con frecuencia o hurtan o se escapan de la casa. Muchos padres no se dan cuenta a tiempo, pero en la juventud se refuerzan estas actitudes. Son agresivos, impulsivos, rebeldes y no tienen remordimiento”, explica la doctora Silvia Rojas, psicóloga de la Dinincri.
Estas características son también muy comunes en la adolescencia. ¿Qué los convierte en despiadados agresores? “La ausencia de afecto”, asegura Rojas. “Esos jóvenes carecen de parte afectiva”. La psicóloga explica que muchas veces los padres no se percatan de los trastornos de sus hijos: “Quiebran hojas hasta destrozarlas, pero nadie les dice nada. Creen que es gracioso; no les explican que es un ser vivo”.
El psicoanalista Moisés Lemlij sostiene que estos actos son impredecibles. “La solidez de las estructuras sociales y la no disponibilidad de armas facilitan que estos no ocurran en nuestros países, pero siempre habrá alguien lo suficientemente trastornado para transgredir las normas”, dice.
El analista alemán en temas de violencia Rolf Pohl opinó: “Las amenazas van a ser cada vez más frecuentes porque se ha creado una tendencia”. Asegura que las conductas imitativas son frecuentes en jóvenes y adolescentes.
Allá o acá, los actos criminales se asemejan (masacres, extorsiones y secuestros).
Parece que siempre habrá alguien dispuesto a emularlos. “Hay un efecto de copia en personas sensibles. La gente tiene fascinación por la violencia, pero cuando hay un control social eficaz las personas tienen menos facilidad para expresarla. Cada país encuentra su propio estilo de violencia. En EE.UU. es así por la cantidad de armas”, advierte Lemlij.
¿QUIÉN ES EL CRIMINAL?
Tanto Tim Kretschmer como los anteriores jóvenes asesinos de Alemania y EE.UU. compartían su gusto por juegos de video como Counter Strike. “Estos promueven la agresión, los obsesionan y los hacen perder el sentido de la realidad”, sostiene Rojas.
Pero obviamente no todos los usuarios de este videojuego asesinan. Desde hace siglos la sociedad intenta desesperadamente identificar el perfil de un criminal. La primera propuesta surgió en Europa, en 1876, de la mano del médico italiano Cesar Lombroso.
En su libro “El hombre delincuente” —un documento ya desfasado— estandariza según las características físicas los orígenes de la conducta delictiva. Lombroso creía que existían 18 características en un criminal: desviación en la forma de la cabeza, asimetría de la cara, mandíbula enorme y pómulos salientes, defectos en el ojo, orejas demasiado grandes o muy pequeñas, nariz torcida o con orificios hinchados, labios carnosos y ojeras. Una visita al penal de Lurigancho refutaría esta hipótesis.
SOCIEDADES ENFERMAS
¿Si todo ser humano tiene un instinto tanático por qué no todos cruzan la línea? “Hay factores psicológicos y sociales. Las familias en sociedades desarrolladas están desestructuradas. Hay una ausencia de los padres. Pueden estar presentes pero no psicológicamente”, explica Freddy Vásquez, psiquiatra del hospital de salud mental Honorio Delgado. A su vez, Rojas señala que “los trastornos son frecuentes en familias laxas o demasiado rígidas”.
Los crímenes sin móvil aparente se han multiplicado en países del Primer Mundo. En ellos se ha logrado contener la delincuencia común, pero los episodios de violencia inexplicable se han incrementado. “En sociedades tan rígidas como la alemana, que enseña a controlar las emociones, las frustraciones son más profundas y las explosiones más violentas”, dice Christian Pfeiffer, de un instituto criminológico germano.
En los países desarrollados se imponen altos estándares de competitividad y se desarrollan sentimientos de fracaso entre los ciudadanos que no logran adaptarse. “Pareciera que la sociedad es totalmente indiferente a este malestar”, dice Vásquez. Lemlij sostiene que el avance tecnológico y la facilidad para acceder a este no son acompañados en ninguna de estas sociedades con un fomento de la comprensión y del entendimiento, ni con el impulso a conductas éticas. “No creo que ahora haya más malos que antes, sino que ellos ahora tienen más posibilidades de hacer daño”, asegura el psicoanalista.
El desarraigo en las relaciones personales y familiares caracteriza nuestro desarrollo. “Los chicos viven solo conectados a las computadoras”, dice Freddy Vásquez. Ya hace varios años Saramago lo había advertido: “Estaremos conectados con el mundo, pero completamente solos”.
“¿Crees que encontraremos otro colegio?”, le preguntó Tim Kretschmer al conductor del automóvil que había secuestrado luego de que disparara en la cabeza a nueve estudiantes y tres profesoras del colegio Albertville, en Winnenden (Alemania). Lucía tranquilo. Tenía 17 años y una pistola Beretta. Buscaba otra escuela, pero la policía lo encontró antes. Asesinó a dos personas más y se suicidó. Le gustaban las armas. Tres semanas antes había practicado con su padre en una escuela de tiro.
Ese mismo día, 11 de marzo, en Alabama, Estados Unidos, otro joven, Michael McLendon, de 28 años, asesinó —también antes de suicidarse— a su madre, a los perros de esta, a su abuela, a tres familiares, a un bebe y a tres personas más. Tenía dos rifles de asalto y una pistola de calibre 38. En casa guardaba un listado de nombres de personas con las que no se llevaba bien. Un día antes había comprado las municiones. McLendon era una persona infeliz, dice la policía.
Mientras el mundo se horrorizaba ante estos crímenes sin móvil aparente, en Chimbote enterraban a la niña de 8 años que fue secuestrada y asesinada por su prima y el enamorado de esta: Leslie Caballero, de 20 años, y Max Egúsquiza, dos años menor, estudiante de Medicina. Fue él quien la ahorcó luego de cobrar el rescate, con el que pagó parte de su ciclo universitario.
¿Qué ocasiona que un joven —aparentemente normal— asesine sin piedad a otra persona? La disponibilidad de armas, la marginación, el resentimiento y la humillación constituyen un coctel fatal en jóvenes que tienen poca tolerancia a la frustración.
“Los que tienen un trastorno disocial de la personalidad son los más propensos a estos actos. De niños mienten con frecuencia o hurtan o se escapan de la casa. Muchos padres no se dan cuenta a tiempo, pero en la juventud se refuerzan estas actitudes. Son agresivos, impulsivos, rebeldes y no tienen remordimiento”, explica la doctora Silvia Rojas, psicóloga de la Dinincri.
Estas características son también muy comunes en la adolescencia. ¿Qué los convierte en despiadados agresores? “La ausencia de afecto”, asegura Rojas. “Esos jóvenes carecen de parte afectiva”. La psicóloga explica que muchas veces los padres no se percatan de los trastornos de sus hijos: “Quiebran hojas hasta destrozarlas, pero nadie les dice nada. Creen que es gracioso; no les explican que es un ser vivo”.
El psicoanalista Moisés Lemlij sostiene que estos actos son impredecibles. “La solidez de las estructuras sociales y la no disponibilidad de armas facilitan que estos no ocurran en nuestros países, pero siempre habrá alguien lo suficientemente trastornado para transgredir las normas”, dice.
El analista alemán en temas de violencia Rolf Pohl opinó: “Las amenazas van a ser cada vez más frecuentes porque se ha creado una tendencia”. Asegura que las conductas imitativas son frecuentes en jóvenes y adolescentes.
Allá o acá, los actos criminales se asemejan (masacres, extorsiones y secuestros).
Parece que siempre habrá alguien dispuesto a emularlos. “Hay un efecto de copia en personas sensibles. La gente tiene fascinación por la violencia, pero cuando hay un control social eficaz las personas tienen menos facilidad para expresarla. Cada país encuentra su propio estilo de violencia. En EE.UU. es así por la cantidad de armas”, advierte Lemlij.
¿QUIÉN ES EL CRIMINAL?
Tanto Tim Kretschmer como los anteriores jóvenes asesinos de Alemania y EE.UU. compartían su gusto por juegos de video como Counter Strike. “Estos promueven la agresión, los obsesionan y los hacen perder el sentido de la realidad”, sostiene Rojas.
Pero obviamente no todos los usuarios de este videojuego asesinan. Desde hace siglos la sociedad intenta desesperadamente identificar el perfil de un criminal. La primera propuesta surgió en Europa, en 1876, de la mano del médico italiano Cesar Lombroso.
En su libro “El hombre delincuente” —un documento ya desfasado— estandariza según las características físicas los orígenes de la conducta delictiva. Lombroso creía que existían 18 características en un criminal: desviación en la forma de la cabeza, asimetría de la cara, mandíbula enorme y pómulos salientes, defectos en el ojo, orejas demasiado grandes o muy pequeñas, nariz torcida o con orificios hinchados, labios carnosos y ojeras. Una visita al penal de Lurigancho refutaría esta hipótesis.
SOCIEDADES ENFERMAS
¿Si todo ser humano tiene un instinto tanático por qué no todos cruzan la línea? “Hay factores psicológicos y sociales. Las familias en sociedades desarrolladas están desestructuradas. Hay una ausencia de los padres. Pueden estar presentes pero no psicológicamente”, explica Freddy Vásquez, psiquiatra del hospital de salud mental Honorio Delgado. A su vez, Rojas señala que “los trastornos son frecuentes en familias laxas o demasiado rígidas”.
Los crímenes sin móvil aparente se han multiplicado en países del Primer Mundo. En ellos se ha logrado contener la delincuencia común, pero los episodios de violencia inexplicable se han incrementado. “En sociedades tan rígidas como la alemana, que enseña a controlar las emociones, las frustraciones son más profundas y las explosiones más violentas”, dice Christian Pfeiffer, de un instituto criminológico germano.
En los países desarrollados se imponen altos estándares de competitividad y se desarrollan sentimientos de fracaso entre los ciudadanos que no logran adaptarse. “Pareciera que la sociedad es totalmente indiferente a este malestar”, dice Vásquez. Lemlij sostiene que el avance tecnológico y la facilidad para acceder a este no son acompañados en ninguna de estas sociedades con un fomento de la comprensión y del entendimiento, ni con el impulso a conductas éticas. “No creo que ahora haya más malos que antes, sino que ellos ahora tienen más posibilidades de hacer daño”, asegura el psicoanalista.
El desarraigo en las relaciones personales y familiares caracteriza nuestro desarrollo. “Los chicos viven solo conectados a las computadoras”, dice Freddy Vásquez. Ya hace varios años Saramago lo había advertido: “Estaremos conectados con el mundo, pero completamente solos”.

